Historia y paisaje: Sierra Nevada ocupa una considerable superficie de las provincias de Granada y Almería. Este Espacio Natural incluye más de 60 municipios de las comarcas de el Marquesado del Zenete, el Valle de Lecrín, la Sierra Nevada poniente, la cuenca del Río Nacimiento y, por último, la Alpujarra, la de mayor extensión y que fuera el último reducto morisco en el Reino de Granada.
Los romanos la llamaron Mons Slorius, los árabes Xolair Atzalg o Gebal Xolair (topónimos mozárabes arabizados: "Monte del Sol"). Ha sido considerada a lo largo de la historia como una maravilla natural. Los tratadistas árabes como Al Jatib o El Idrisi la describen con precisión. De estos parajes partían las caravanas cargadas con la seda que se producía en sus comarcas hacia países ricos, legendarios y lejanos. La Alpujarra se configura al sur del macizo como una comarca de marcada personalidad. Su inexpugnabilidad frente a romanos, árabes e incluso castellanos y franceses a lo largo de la historia ha hecho posible que antiquísimos usos y tradiciones lleguen intactos hasta nuestros días. Sus recursos naturales son utilizados desde hace mucho, desde el oficio antiguo de los neveros hasta las nuevas configuraciones de aprovechamiento turístico resumidas en sus estaciones invernales de esquí, las más meridionales de Europa, que dejan muy atrás el nostálgico recuerdo de los tranvías que surcaban sus puertos en época no muy lejana, aunque su verdadera importancia no natural radica en el entramado cultural de sus numerosos asentamientos humanos.
Cuenta la leyenda que el rey nazarí Muley Hassem, padre de Boabdil, se prendó de Isabel de Solís, doncella cristiana a quien convirtió en su favorita bajo el nombre de Soraya. En venganza, la sultana Aixa alentó una guerra civil que acabó con la derrota del monarca. Abatido, Muley abdicó en su hermano El Zagal y abandonó Granada rumbo al exilio. Pero cayó enfermo de muerte en Mondéjar. Desde allí, Soraya hizo llevar su cuerpo al pico más alto de Sierra Nevada, que en su honor se llama Mulhacén. Lo cierto es que, además de ser tierra de leyendas, toda la sierra alberga un rico patrimonio cultural e histórico acumulado durante siglos. Tartesos, visigodos, romanos,... han dejado su huella en la región, si bien el más importante legado cultural procede de la civilización musulmana de la que aún se conservan, por ejemplo, sofisticadas técnicas de regadío, cuyas acequias y regatos surcan las laderas recogiendo agua del deshielo y la escorrentía para ser aprovechada en usos y actividades tradicionales. Esta enorme fortaleza natural sirvió de refugio a los moriscos hasta que, después de numerosas rebeliones y alzamientos, fueron expulsados a mediados del siglo XVI tras la sublevación de Aben-Humeya. Sierra Nevada es en sí un elemento de identidad cultural para las gentes de estas tierras.
Visitas de interés: La arquitectura popular de Sierra Nevada es única en España y uno de sus mayores atractivos sus pueblos, de gran belleza, se asientan en las laderas montañosas, integrándose en el paisaje con una singular conformación: casas de techos planos, pequeñas ventanas y esbeltas y singulares chimeneas. Lanjarón custodia la puerta de la Alpujarra granadina convertido en un atractivo centro vacacional al calor de sus fuentes de aguas medicinales. La villa de Órgiva vive a la sombra de su castillo-palacio de los Condes de Sástago. Su iglesia se construyó en el siglo XVI sobre la primera mezquita que se alzó en la comarca. En sus extrarradios atesora el antiguo molino de Benizalte. Pampaneira, Capileira y Bubión lucen en su blanco fulgor la condecoración de Conjunto Histórico-Artístico conservando intacto su tipismo. Nos transportan a su esplendoroso pasado musulmán y en el Museo Alpujarreño se exhibe una colección de utensilios domésticos, aperos de labranza y pastoreo, junto con viejos telares que nos ilustran sobre la vida y costumbres de sus gentes. Trevélez se enseñorea a los pies del Mulhacén.
La belleza serrana de pueblos como Bérchules o Valor salpica la Alpujarra granadina antes de dar paso a su gemela almeriense, a la que nos adentramos por el pueblo de Bayárcal. A continuación pasamos a Paterna del Río, una localidad de media montaña con balneario incluido y en cuyas proximidades dormitan los antiguos pueblos moriscos de Iniza y Guarros. Pero la capital indiscutible de esta comarca es Láujar de Andarax. Sobre el pueblo de Fondón se eleva la estilizada torre de su iglesia parroquial, rematada por una aguda pirámide. Padules esconde en su templo una curiosa pila bautismal que en otro tiempo fue pieza de un molino. Ohanes se da a conocer por su deliciosa uva de mesa. Otro tanto le ocurre a Canjáyar; el terremoto que asoló la zona en 1611 acabó con el campanario de su iglesia románica de Santa Cruz. Más allá Alhama de Almería, un privilegiado mirador que nos invita a su balneario de aguas termales.
En la comarca del Marquesado del Zenete se extiende la umbría granadina de Sierra Nevada con su patrimonio por bandera. Guarda sus puertas Cogollo de Guadix, localidad de largas callejas y generosas plazas presididas por bellos aljibes medievales. Jeres del Marquesado es el paradigma de la imagen del típico pueblo andaluz de interior de cuidada arquitectura. La villa de Lanteira parece haberse escapado de la Alpujarra; vestida de blanco se agrupa en torno a su iglesia del siglo XVI de artesonado mudéjar y torre renacentista. La Calahorra tiene en su haber como lugar de culto una joya de estilo renacentista italiano, la única que se conserva en nuestro país y su castillo se enorgullece de ser la última fortaleza construida en España. Muy cerca se asienta Aldeire encumbrado sobre una atalaya. Ferreira debe su nombre a los repobladores gallegos que tanto se prodigaron por estas tierras; tras recorrer sus pintorescas calles se pueden visitar las cercanas localidades de Dólar y Huéneja.
Las fronteras de Sierra Nevada prosiguen hacia su extremo nororiental donde se arremolinan un grupo de pueblos almerienses de rancia tradición serrana. El blanco Abla muestra orgulloso al visitante la ermita de sus santos mártires; Abrucena encierra en su marcado carácter montañés un peculiar urbanismo; por último, Fiñana siente añoranza del pasado cuando contempla los restos de su mezquita y alcazaba, declarados de Interés Nacional, aunque todo su casco urbano está plagado de reminiscencias árabes.
Artesanía: Lo más peculiar son los trabajos textiles, fundamentalmente las jarapas, un tipo de tejido grueso compuesto a partir de recortes de tela que forman dibujos con franjas de distintos colores. Se emplean sobre todo como cortinas, colchas y mantas. También son interesantes los trabajos de cerámica, esparto y madera.
Recursos y gastronomía: La agricultura es el principal recurso de la sierra; cereales, vid y olivo son los cultivos más extendidos. En los valles más protegidos y mejor regados abundan los cerezos, manzanos, nogales y avellanos. También existen magníficos castañares, adaptados y naturalizados desde el siglo XVI, que ocupan las cabeceras más húmedas de arroyos y barrancos. La actividad ganadera también es importante, principalmente de ovino y caprino. Las extracciones mineras tienen gran tradición. Actualmente se extrae hierro de los yacimientos de Alquife, aunque antiguamente se aprovechaban también otros minerales: plomo y plata en Güejar Sierra y Busquístar, cobre en Jeres del Marquesado,... La apicultura es una actividad de gran auge en Sierra Nevada y concretamente en la Alpujarra. En la cuenca del río Monachil se halla un complejo turístico en torno a la estación de esquí. Otras actividades que pueden practicarse en Sierra Nevada son la pesca en los cotos trucheros del Parque, senderismo, montañismo... la actividad turística en este espacio supone una importante fuente de recursos.
La gastronomía de Sierra Nevada tiene ya una merecida fama debido al flujo turístico que cada año visita estas bellas comarcas. La base principal está en su rica tradición morisca y en los platos de alto contenido calorífico que se acostumbran, adecuados para su clima y para los trabajos de la agricultura y la ganadería. Los platos más señalados son: Embutidos (destacando sobre todo los jamones), Migas, Sopa de almendras, Gachas, Sobrehusa, Cordero en salsa, Ajillo de espárragos trigueros, Conejo en ajopollo, Truchas, Sobrehusa de espinacas, Choto en ajillo, Plato alpujarreño, Lomo de orza, Sopa alpujarreña, Sopa de ajo tostado, Puchero de garbanzos, Sopa de pimentón, Sopa de almendras, Gachas con pimentón, Arroz liberal, Cazolilla de habillones, Arroz de los cazadores, Guisote de calabazas, Pollo a la moruna, Perdiz a la antigua, Solomillo con jamón y setas y el Choto en ajillo. En dulces: Natillas con galletas borrachas, Alfajores, Tortas de miel y Piñonate.